Esperanza era una mujer joven y alegre, felizmente casada con el que fue su primer y único amor, Ángel. Formaban una pareja maravillosa, o al menos éso decían quienes les conocían bien. No tenían problemas familiares ni económicos ni de ningún otro tipo, vivían sencillamente una vida tranquila y desahogada, mas sin excesivos lujos. Además, pronto compartirían una nueva ilusión: iban a ser padres.
Aquel día, justo acababan de llegar a casa después de conocer que su bebé sería una preciosa niña. Se llamaría Felicidad, pues es lo que su madre sentía en su interior: una indescriptible felicidad. Pero Ángel quería un niño. A Ángel no le gustaría tener una hija, sólo quería un hijo varón, y desde su punto de vista, su mujer lo había estropeado todo. Él la culpaba a ella por no estar embarazada de un varón. Ángel la grita, Ángel la humilla, Ángel la golpea... pero no era la primera vez. Esperanza mantenía en secreto tantos años de malos tratos, simplemente desaparecía una temporada de la vida social, inventándose cada vez que padecía de una extraña afección. Sus amigas, si alguien había en la ciudad a quien pudiera llamar "amiga", jamás lo sabrían... y Ángel sabía que nadie lo sabría.
Esperanza grita. Esperanza llora. Esperanza intenta en vano defenderse de su agresor. Esperanza sufre. Pero Esperanza no sufre por el dolor físico de los golpes de su marido: Esperanza llora por el pedacito de vida que lleva dentro. Ya no hay felicidad para Esperanza. Ya no queda esperanza para Felicidad.
Confesión
Hace 6 años


2 voces se alzaron.:
Me encanta todo lo que escribes, aunque en esta ocasión... ay ay ay. No sé si lo has escrito pensando en mí o porque te ha dado por ahí, pero desde luego me has dado en la fibra sensible U.U
Menos mal que empiezo el año con fuerzas y no estoy dispuesta a dejar que el recuerdo de todo aquello me amargue el año, así que no te preocupes ^^ Sigue así (y si escribes un poquito más positivo, tampoco me voy a quejar ^^)
Un beso {y perdona el pedo de Yumi, no creo que lo hiciera adrede}
El pedo de Yumi... éso ha sonado raro, ¿no? De entre todas las formas que hay de llamar a la clásica borrachera, tuviste que elegir ésa, jajaja.
No lo escribí pensando en ti (aunque me acordé de tu padre mientras lo hacía), simplemente plasmé en el blog lo que me salió del alma. De todos modos, imagino que no te será muy difícil evocar esos recuerdos... hay experiencias que nos marcan toda la vida.
Un beso, preciosa.