lunes, 29 de diciembre de 2008
El Murmullo de la Sangre (II)
El día se presentaba gris y húmedo, aún a pesar de que apenas estaba amaneciendo y era difícil predecir si ese día saldría el sol. "Al menos no llueve", pensó Rafael mientras se encaminaba a la estación de metro. La inmobiliaria en la que trabajaba quedaba bastante lejos, demasiado para ir a pie, y el joven no tenía vehículo propio, de modo que cada día tenía que cojer el metro para ir a trabajar. Normalmente aprovechaba ese trayecto para echar una última cabezadita, pero aquella inusual mañana de otoño no era capaz de hacerlo. Aún le dolían las piernas, y no conseguía quitarse de la cabeza aquella frase. ¿Realmente la habría imaginado, antes en el baño? ¿Y qué significaba exactamente? En esas estaba cuando llegó a su estación, y por poco se la salta, absorto en sus propios pensamientos. Una señora a la que conocía de verla a diario en el metro, le avisó de que era su parada en el último momento. Apenas hubo salido de la bocana del metro, un escalofrío recorrió todo el cuerpo del joven. No sabía exactamente de qué se trataba, pero enseguida tuvo la sensación de que algo iba mal.
domingo, 28 de diciembre de 2008
Hoy
Año para terminar, año para olvidar
Pero lo que no está de más es hacer balance del año. 2007 terminó con un duro golpe para mí y 2008 empezó con otro, y desde entonces... mejor olvidar. Ha sido para mí el año de los sueños rotos y de las decepciones, muchísimas decepciones. He perdido muchas batallas, muchas más de las que algunos hayáis sido testigos (y en una en concreto, protagonista). Perdí batallas personales y familiares, y perdí todas y cada una de las que libré en pos de un sueño o un proyecto. Hoy todos los planes que una vez tuve en este 2008, son polvo. No obstante, he ganado la única batalla que de verdad me importa -curiosamente, la única en la que no era yo quien tenía nada que ganar o perder-, la que me apartó de este mundillo intermitentemente y durante dos largos periodos. Hace hoy 13 días que esa batalla de meses terminó (gracias a Cristian y sobre todo a Yumi ^^), y creo que sólo con esa victoria me basta para considerar que ha sido un buen año.
2008 termina con un gran aliciente para luchar, y 2009 traerá muy pronto otro más, así que toca esperar que la sombra nos guíe en ese sentido por mucho tiempo.
sábado, 27 de diciembre de 2008
El Murmullo de la Sangre (I)
autómata, sin ritmo, sin ganas. Casi sin vida. Caminaba sin levantar los pies del suelo, sólo
arrastrándolos, y parecía arrastrarlos más por inercia que por voluntad propia. Un pie,
después el otro, y a cada paso, una polvareda de cenizas se alzaba desde el suelo y
avanzaba con el transeunte, bailando al son de los movimientos de éste incluso con más
gracia y alegría. Polvo gris. En cada bocanada de aire, aquel hombre aspiraba ceniza el
lugar de oxígeno, entrecortando su respiración y obligándole a toser sin cesar. Mas,
incluso su forzada tos, sonaba sumisa, sin fuerzas. Anteriormente se había tapado la nariz
y la boca con el pañuelo que usualmente llevaba a la cabeza, cubriéndole el pelo. Mas
finalmente el polvo había acabado por incrustarse en cada poro de la tela, y el pañuelo
yacía ahora, tal vez totalmente cubierto de la gris sustancia, varios cientos de metros más
atrás. O, tal vez, estaba a tan solo unos pasos, el hombre no era ya capaz de averiguar
cuánto había andado. Ni siquiera podría decir si lo que tenía ante sus ojos era un palmo
de tierra baldía, pues la ceniza impedía ver más allá, o si realmente aquel paisaje era el
mismo de varios días más de camino. Miraba al suelo, y no veía más que suelo duro,
grisáceo y polvoriento, al igual que sus antes marrones botas, ahora completamente
teñidas. Miraba a su alrededor, y densos jirones de polvo jugueteaban con sus torpes y
pesados movimientos. A menudo parecían formar extrañas figuras, que burlonamente
escapaban siempre a los intentos del joven por hacerlas desvanecer. Miraba al cielo, y no
hallaba en él rastro alguno de que allí arriba pudiera haber un sol. Sólo un denso manto de
nubes, de las que no se sabía bien si estaban formadas por vapor de agua o por más
ceniza.
La desolación era total. Solo, en aquel desierto enfermizo, nada le indicaba que hubiera
habido, alguna vez, vida alguna en aquel lugar. Había caminado durante horas en línea
recta, en lo que él creía que había sido una línea recta. Y en todo el trayecto no había visto
nada ni a nadie, ni había cesado de toser. Estaba exhausto, al límite de sus fuerzas, sin
poder tomar una sola bocanada de aire que no le asfixiase, ¡y ni siquiera era del todo
consciente de cómo había llegado hasta allí! Sintiéndose derrotado, se dejó caer de
espaldas en la dura tierra, levantando una gran polvareda de cenizas que al instante le hizo
incorporarse y toser violentamente. Sin dejar aún de toser, trató de dispersar con los
brazos toda aquella polvareda que él mismo había levantado. Una vez pudo dejar de toser
y la polvareda se hubo asentado de nuevo, con una fuerza que no reflejaba en su andar ni
en sus movimientos, gritó al cielo.
-¡Odio este lugar!¡Lo odio! -lo que el joven no esperaba es que, desde algún lugar que no
supo identificar, una poderosa voz le respondiera.
-¿Tan pronto, y ya te vas a rendir? ¿Es así como pretendes alcanzar tus sueños?
-¿De qué estás hablando?¡Jamás he soñado algo así! Mi imaginación ni siquiera podría
haber creado algo tan inmundo. -el solitario transeunte estaba confuso, pero en su voz no
había miedo alguno.
-¿Ah, no? ¿Acaso no has soñado con ella? Noche tras noche, sueño tras sueño, luna tras
luna... ¿no soñaste acaso con llegar hasta lo más profundo de su corazón? ¡Ésto no es más
que la primera etapa de tu viaje! Tal vez, y sólo tal vez, yo pueda indicarte el camino; mas,
sin duda, eres tú el que ha de caminar.
...¿Continuará?...
El Ángel del Dulce Dolor
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