domingo, 28 de diciembre de 2008

Año para terminar, año para olvidar

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Tras echar un vistazo a los que fueron mis blogs más visitados (la mayoría de los cuales no tengo la menor intención de visitar, es lo que tiene la hipocresía...), veo balances de año y más balances de año, y "feliz Navidad" y más "feliz Navidad". Perdonad que yo no me ponga con esas ñoñerías, pero yo a quien le deseo felicidad le deseo felicidad a secas, sea Navidad, Semana Santa, la segunda quincena de agosto o un día de perros de los que uno se pregunta por qué diablos hubo de levantarse. Paso de llamadas de quienes no llamaron en meses pudiendo haberlo hecho -excluyo, por supuesto, a aquellos a cuyos ojos desaparecí, pues de nada tienen culpa-, no quiero historias.

Pero lo que no está de más es hacer balance del año. 2007 terminó con un duro golpe para mí y 2008 empezó con otro, y desde entonces... mejor olvidar. Ha sido para mí el año de los sueños rotos y de las decepciones, muchísimas decepciones. He perdido muchas batallas, muchas más de las que algunos hayáis sido testigos (y en una en concreto, protagonista). Perdí batallas personales y familiares, y perdí todas y cada una de las que libré en pos de un sueño o un proyecto. Hoy todos los planes que una vez tuve en este 2008, son polvo. No obstante, he ganado la única batalla que de verdad me importa -curiosamente, la única en la que no era yo quien tenía nada que ganar o perder-, la que me apartó de este mundillo intermitentemente y durante dos largos periodos. Hace hoy 13 días que esa batalla de meses terminó (gracias a Cristian y sobre todo a Yumi ^^), y creo que sólo con esa victoria me basta para considerar que ha sido un buen año.

2008 termina con un gran aliciente para luchar, y 2009 traerá muy pronto otro más, así que toca esperar que la sombra nos guíe en ese sentido por mucho tiempo.

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