miércoles, 7 de enero de 2009

El Murmullo de la Sangre (III)

1 voces se alzaron.

No era una sensación agradable, ni mucho menos. Rafael esperaba que no fuera más que otra rareza de aquel ya de por sí inusual día, pero aún así, no podía evitar caminar con brusquedad y con el paso -y el corazón- acelerado. Atrás quedaban los habituales modales del joven, y la cortesía para con los demás. Ahora se abría paso a empujones y codazos entre la gente, con una inexplicable prisa por llegar a ninguna parte, pues tenía tiempo de sobra para llegar al trabajo, y no el suficiente para ir a ninguna otra parte antes de entrar a trabajar.

Cuando llegó a la inmobiliaria, aún no había llegado ninguno de sus compañeros, de modo que tuvo que esperar a que fueran llegando. El primero en llegar fue Mateos, el único que conseguía vender pisos en unos tiempos que no estaban siendo precisamente buenos para el negocio. Tiempo atrás, Rafael y Mateos habían sido buenos amigos, pero ahora Mateos estaba bien valorado y posicionado dentro de la empresa, y la envidia de Rafael había deteriorado bastante su relación. Poco después llegaron Carla y Ainhoa. Entraron a trabajar juntas en la inmobiliaria poco después que Rafael, y eran amigas inseparables. Rafael se llevaba bastante bien con Ainhoa, de carácter abierto y confiado. Pero a Carla, que había tenido una mala experiencia con un chico y desde entonces no daba tregua a los hombres, no la podía soportar. Tan pronto llegaron las chicas, fueron con Mateos y estuvieron hablando sobre algo. Rafael no estaba en el corrillo, pero veía caras de tristeza y preocupación entre sus compañeros. ¿Qué pasaba? El joven estuvo tentado de acoplarse en la conversación, pero la presencia de Carla y Mateos era disuasión suficiente para él.

No le dio mayor importancia, y cuando al fin su jefe se presentó en la inmobiliaria, él hizo su jornada habitual. Sin embargo, no podía evitar sentir que había algo extraño en el ambiente aquella mañana. Había faltado ella. No era como si se hubiera ausentado del trabajo cualquier otro compañero, se trataba de María. María era una compañera ejemplar, un modelo a seguir en la inmobiliaria. No era una vendedora de éxito como Mateos, ni tenía unos conocimientos excepcionales como Esteban, el jefe de todo aquello. Pero tenía algo que la hacía diferente, la hacía especial. Nunca antes había faltado al trabajo, era siempre la más puntual y la más profesional en todo cuanto abordaba, y la eterna sonrisa que dibujaba su resplandeciente rostro hacía que los demás compañeros vieran en ella, más que a una compañera, a una buena amiga.

A Rafael le extrañó mucho que María no acudiera a su puesto de trabajo aquel día, sin duda tenía que haber sucedido algo fuera de lo común para ello. Y el perpetuo murmullo y cuchicheo que se escuchaba en el local, el joven supuso que no serían más que habladurías y conjeturas al respecto. Era innegable que él mismo también sentía curiosidad, cuando no preocupación, por saber qué habría podido pasar; pero Rafael era una persona muy seria y consecuente con cuanto hacía y decía, pese a su aún corta edad, y no se prestaba a esas congregaciones de gente absurda haciendo conjeturas basadas en la más profunda ignorancia. De modo que siguió a lo suyo.

Algún día sería consciente de la envergadura de su error...

1 voces se alzaron.:

Deleyda Gilraen dijo...

Hola me paso x aki de nuevo
esta vez
me di el tiempo
de leer el fragmente q escribiste...
me encanto, pero como vengo leyendo desde ahi, creo q tendria q leer tu blog desde la primera entrada, suena interesante, son tuyos esos textos??
pero tienes potencial, no eres cualker persona eso se nota a simple vista, gracias x comentarme en mi blog ii x darte el trabajo de leer...
kero preguntarte una cosa...
me darias tu mail si te lo pidiera??
we... nada mas
cuidate...
ii muxos cariños x aki

xauz