sábado, 10 de enero de 2009

El baile

4 voces se alzaron.

Desde los jardines de la fastuosa mansión, engalanados para el acontecimiento a pesar del intenso frío de la noche, ya se dejaba sentir el buen ambiente de la fiesta que tenía lugar en su interior. Aquel joven había recibido la invitación, días antes, para un baile de máscaras en aquel lugar. Así que ahhí estaba él, vestido con sus mejores galas, y con una elegante -si bien no demasiado discreta- máscara de estilo veneciano, de pie frente a la puerta. Iba solo, pues su acompañante era nada menos que la hija de los anfitriones y, obviamente, ya se encontraba dentro. Sin él esperarlo en absoluto, la puerta frente a él se abrió, y de detrás de ella apareció el mayordomo, que cortésmente le invitó a pasar y le retiró la chaqueta. El joven no recordaba haber visto a aquel hombre antes, y por un instante se le escapó una sonrisa al imaginar que, aquel personaje vestido de pingüino, probablemente necesitaría de una escalera para alcanzar los percheros. Pero, en lugar de éso, el bajito mayordomo colocó la chaqueta en una percha con sumo cuidado, y la colgó en su lugar con ayuda de una vara metálica. "Tampoco me sorprende, aquí es todo muy aburrido", pensó el chico. "Aunque me habría gustado verlo".

La sorpresa se la llevó cuando el mayordomo le condujo al salón, donde se celebraba el baile. Allí estaban reunidos gran parte de los amigos y conocidos de la familia, más los que habrían de ir llegando. Había médicos, abogados, arquitectos, escritores, deportistas, empresarios de toda clase y condición... demasiada gente que podría fácilmente mirarle por encima del hombro. Sin embargo, el ambiente parecía bueno, lo que cualquiera de los presentes habría definido como "una velada agradable". Había gente yendo de aquí para allá, saludando a diestro y siniestro y comenzando conversaciones que luego dejaban a medias para irse a saludar a otra persona. Había grandes grupos, supuestamente amigos, manteniendo animadas charlas. Había pequeños grupitos, más discretos, hablando de sus propias cosas. Y había gente murmurando y mascullando prejuicios entre dientes, contra personas que, en casi todos los casos, estaban presentes en la misma sala. "Prefiero una de miedo y unas palomitas", se dijo a sí mismo el joven. Desde la puerta del inmenso salón, pudo distinguir entre el gentío a su acompañante, distraída con unos invitados que, a juzgar por los gestos de la joven, resultaban un tanto molestos. Ya se disponía a acercarse a ella, esquivando copas de licor y cava, cuando se percató de algo: ¿Y las máscaras? ¡Ninguno de los presentes llevaba máscara, era una fiesta de esmoquin, sin más! Abochornado, se quitó apresuradamente la máscara veneciana, ahora mal disimulada tras la espalda, con la esperanza de que nadie la hubiera visto.

Cuando la chica le vio al fin acercarse, educadamente se despidió de sus invitados -no sin sacarle la lengua a uno de ellos una vez se dieron la vuelta- y se encaminó hacia él. Las manos de la joven rápidamente buscaron las del recién llegado, mas sólo encontraron una; la otra seguía detrás de la espalda. En un deliberado gesto por romper las distancias, le rodeó con los brazos, aprovechando para acercarse a él todo lo posible sin llamar demasiado la atención, y le arrebató la máscara escondida. El rostro del joven enrojeció al instante, pero ella no le dio importancia. Sin dudarlo, deslizó la mmáscara dentro del bolsillo del primer camarero con el que se cruzó, con una destreza propia del más taimado carterista. La máscara sobresalía notoriamente del bolsillo, pero al menos nadie sabría de quién era. El chico a punto estuvo de decir algo, pero ella se lo impidió poniéndole el dedo en los labios en señal de silencio. Una extraña sensación recorrió todo su cuerpo en aquel momento, y rápida retiró la mano y cerró los ojos. Aún no habían presentado al joven en sociedad como su novio, y ese tipo de conductas acarameladas en una fiesta tan elitista como aquella, podría resultar, cuanto menos, indecoroso.

"En la invitación decías que sería un baile de máscaras", le increpó el chico al oído. Ella, aparentemente ajena a lo que le estaban diciendo, comenzó a mirar a su alrededor, buscando algo, o tal vez a alguien. Sus ojos no tardaron en tropezar con un señor, bajito, grueso y de aspecto afable, que iba de un lado a otro de la sala, saludando efusivamente a todo el mundo y tratándolos como viejos conocidos. Lo cierto es que a la mayoría de ellos no los había visto en su vida. Discretamente, la hija de los anfitriones le señaló al viejo con un leve gesto de cabeza, y sonrió. Cuando se volvió para mirar de frente a su acompañante, sus miradas se cruzaron. La mirada embelesada y sincera de él, y la mirada pícara de ella, cientos de veces ensayada en la soledad de su dormitorio; traviesa, sensual, casi lasciva... "Un baile de máscaras... ¿y no lo es?" le contestó la hermosa joven, dedicándole una amplia sonrisa. Él apartó la mirada, sabía que no podía soportar esa mirada por mucho tiempo, y no pudo evitar sonreír... la sonrisilla estúpida del que sabe que ha mordido el anzuelo. Efectivamente, nadie allí era quien decía ser. Sorprendido, a la par que encantado, por el ingenio de la chica, sólo acertó a decir una palabra. "Touché".

4 voces se alzaron.:

Olga S.Isidro dijo...

¡Siempre dije que serás un grandisimo escritor!
Y cada día me siento más segura de ello.
Besos.

Anónimo dijo...

Hola, desaparecido! Sobre esta entrada, pues qué decirte, si eres un escritor excelente, aunque te niegues a darte a conocer. Me ha encantado lo de "Un baile de máscaras... ¿y no lo es? " Jajaja, bonito y profundo (como siempre), una entrada para reflexionar.

Sobre las entradas anteriores... ¿he leído "Princesa Usagi"? ¿El príncipe de la soledad tiene princesa, y yo sin saberlo? ¿Y quién es ella, y cómo, y por qué...? Hala ya he dado rienda suelta a mi ataque de celos :$ ya seguiré dándote la brasa otro día.

Patty dijo...

Esta entrada, al igual que la anterior, me gustaron muchísimo. Me hiciste recordar a un gran amigo.
Gracias por darme el nombre de la banda.
Nos estamos leyendo. Adiós

Josemy dijo...

/clap /clap /clap

¿Qué más puedo decir? Si acaso citarte dos canciones:
1- Marioneta (Piel de Serpiente)
¿Cuánto tiempo hace que no puedes actuar
sin tener que llevar puesta una careta?
Has de fingir, has de engañar a todos
cada vez que lo exiga el guión.


2- Cae la Máscara (Lujuria)
Cae la máscara
Y nadie es lo que aparenta ser
Cae la máscara
El que señala, señalado es...