domingo, 1 de febrero de 2009

Deseo concedido

7 voces se alzaron.

Entre la fina lluvia primaveral que caía aquella noche, los árboles agradecían con escaso cobijo aquella inesperada visita. Aunque la temperatura era agradable, el aire era siempre hosco en aquel lugar. Muchas eran las historias que, durante décadas, se habían divulgado sobre el inmenso parque, y el viento y la madre tierra habían terminado por adueñarse de él, ante el evidente abandono al que los hombres lo habían condenado.

Hablaban esas historias, de misteriosas apariciones. Una de las más populares, que contaban los más ancianos del lugar, trataba de las apariciones de una extraña criatura que merodeaba por la zona. Se decía que siempre aparecía cuando la niebla estaba más baja, que nunca se dejaba ver con claridad, y que, las pocas personas que habían contemplado al animal, habían llevado la desgracia a sus familias y allegados poco tiempo después. Hablaban también esas historias, de personas que se habían internado en la parte más arbolada del parque, y jamás habían vuelto a ser vistas con vida. Algunos afirmaban incluso haber visto deambular entre los árboles, a las fantasmagóricas figuras de quienes se hubieron internado en el parque, a veces, incluso quince años atrás. Decían haberlos visto exactamente igual que el día que desaparecieron, como si en aquel lugar el tiempo y el espacio cobrasen una nueva dimensión. Algunos consideraban que aquellas no eran más que absurdas historietas que los abuelos contaban a sus nietos para asustarles; y algunos de ellos, pasaban a protagonizar otra de aquellas historias, al internarse imprudentemente en el parque con el fin de demostrar que allí no ocurría nada extraño. Por todo ello, tan sólo los más valientes, o los más necios, se atrevían a pensar siquiera en entrar en el parque.

Mas, aquella lluviosa noche, los árboles habían recibido una nueva visita, y el enfurecido viento soplaba con más fuerza de lo habitual, pues en nada le gustaba la presencia humana en aquel lugar. Las frágiles ramas de los cercis, los árboles de Judea, luchaban por no quebrarse ante la insistente fuerza del aire, a la par que intentaban dar un poco de cobijo a su nueva visitante. Era ella una preciosa joven de veintipocos años, quizás incluso menos. Tenía unos profundos ojos negros, capaces de hipnotizar a hombre y bestia por igual. Tal era su encanto. Sus largos cabellos negros bailaban al son del viento, burlándose de su furia con alegría, sin importarles en absoluto el saber que, de seguir así, no tardarían mucho en acabar enredados entre sí. La delgada y no muy alta figura de la mujer se deslizaba delicadamente por entre ramas caídas, raíces prominentes, musgo y orquídeas. Poco quedaba ya de los empedrados caminos que antaño recorrían el parque de lado a lado. No eran ya más que desperdigadas piedras aquí y allá, desterradas de su lugar por el tiempo y el incontrolable crecimiento de algunos de aquellos árboles que, dejados de la mano de los hombres, creaban un bello y salvaje emplazamiento, en medio de la gris e intoxicada civilización de la ciudad. Mas la joven de desenvolvía entre todos ellos con inusitada gracia. Allá donde cualquier otro hombre o animal habría tenido serios problemas para avanzar, ella lo hacía con una soltura y una facilidad inigualables, y sus desnudos pies parecían a menudo avanzar sin siquiera tocar la hierba, sino delizarse apenas unos milímetros por encima de ella. Tan sólo llevaba un hermoso vestido negro, que acompañaba los movimientos del cuerpo al que vestían con igual gracia y elegancia, a pesar de estar empapado en agua. Ni la lluvia ni las plantas ni flores dejaban en él mancha o color alguno, no más que leves caricias que la joven disfrutaba como si las sintiera en su propia piel. Caminaba sin prisa, pero con decisión, conservando cada sensación; la hierba mojada bajo sus pies; la fina lluvia en su rostro; el enfurecido viento, rendido a los bailes y juegos de su cabello; las caricias con las que recibía la compañía de cada árbol, recorriendo, con suma delicadeza, cada surco de los troncos a los que se acercaba, con las yemas de los dedos. Bajo uno de aquellos cercis, cogió con cuidado una de sus curiosas flores de forma acorazonada, y se la puso en el pelo. Aún en la oscuridad de la noche, la rosácea flor lucía maravillosa en el pelo de la chica. Mas el viento no quiso que alguien que no pertenecía a aquel lugar, recogiese nada de él, y con un simple arrebato, le robó la flor del pelo. Con un rápido mas delicado gesto, ella consiguió atrapar al vuelo su pequeño tesoro. Se la acercó al pecho, abrió el puño con el que la había atrapado, y sin prestar demasiada atención a lo que hacía la colocó en su vestido. Una curiosa flor negra, apenas vagamente rosada en el extremo de cada pétalo, lucía ahora en el pecho de su vestido.

Sin darse cuenta, o tal vez sin querer darse cuenta, la joven se internaba cada vez más en el parque. La vegetación se hacía cada vez más densa, más fascinante para ella, y la niebla comenzaba ya a cerrarse a su alrededor. No tardó mucho la joven en verse envuelta en una maravillosa coreografía aérea, de centenares de mariposas nocturnas, de finas alas blanquecinas. Sin hacer más esfuerzo que dejar que su mano sintiese las pocas gotas de lluvia que atravesaban la espesa copa de los árboles de aquel lugar, una de esas mariposas fue a posarse en su mano, y la joven cerró el puño a su alrededor, con cuidado de atraparla sin hacerle el menor daño. De pronto, una voz detrás de ella la sobresaltó, y sin querer abrió la mano. Cuando se dio la vuelta para ver quién le hablaba, una bellísima mariposa de alas azules y negras reemprendió el vuelo, liberada ya de su breve cautiverio. De entre la niebla surgió de nuevo la misma voz, una voz serena, y no era en realidad mucho más que un susurro

-Tal vez podríais ayudarme a comprender qué mueve a una princesa de la noche a profanar cuan hermoso lugar, joven. -la voz del inesperado asaltante sonaba tranquila y conciliadora, perfectamente cortés, como si no quisiera causar en ella el menor temor a pesar de la brusquedad de su aparición. Y, tal vez, lo consiguió, pues la joven respondió sin vacilar un instante, y sin un ápice de temor en su voz.

-Tal vez podríais ayudarme a comprender qué mueve a un príncipe de la luna a interrumpir cuan hermoso paseo. Podéis descubriros, no os tengo miedo. Sois aquel al que los ancianos y los crédulos llaman Portador de la Desgracia, ¿verdad? -aunque se había girado en la dirección de la que provenía la voz, seguía sin ver a nadie entre la niebla.

-Tal vez, mas no sois vos una anciana. ¿Sois, pues, una mente crédula e inocente?

-¡No juguéis conmigo! -la joven respondió con una sonrisa al juego de aquella voz, que nuevamente la había sorprendido a sus espaldas, en dirección justamente contraria a donde había aparecido por vez primera - Ni anciana, ni crédula. Tan sólo, tan inocente como pueda la luna ser inocente de los conjuros de la noche. Creo que sabéis bien a qué me refiero.

Las blanquecinas mariposas comenzaron a revolotear nerviosamente alrededor de la chica, que sin embargo no perdió ni una gota de su calma y elegancia. Formaban improvisados dibujos en el aire entre torbellinos de energía y color, y un tenue haz de luz reflejada de la luna fue a colarse por entre el espeso ramaje para bendecir aquel baile con un brillo sobrenatural. Finalmente, aquella coreografía formó una amplia espiral alrededor de la joven que, maravillada ante aquella visión, se quedó sin saber qué hacer o decir. Súbitamente, la blanquecina cortina que la envolvía desapareció sin más, como si nunca hubiera ocurrido tal cosa, y frente a ella apareció la figura de un hombre joven en apariencia, aunque la escasa luz no la dejó ver bien su rostro, cuanto menos aún sus ropas. Poco más que un rostro blanquecino se distinguía entre la noche, pues de la vestimenta del extraño no se veían más que fugaces destellos cuando atravesaba el haz de luz de luna que, fugitivo de las copas de los árboles, se posaba en él. Suavemente, estiró el brazo en dirección a la joven, con los dedos extendidos. Algo pasó rozando el negro pelo de la mujer, y no fue hasta que se posó en la palma de la mano de aquella misteriosa figura, que ella pudo ver de qué se trataba.

-No pareceis asustada -le dijo el hombre.

Ante los ojos de ambos, la hechizada mariposa de alas azules y negras parecía retorcerse de dolor en la mano que lo sostenía, para luego crecer y mutar grotescamente hasta adoptar una forma completamente diferente a la original. Horrorizada, ella apartó la vista. No soportaba ver sufrir a ningún ser vivo, ya fuera un árbol, un hombre o una simple mariposa. Sin embargo, trató de sobreponerse al horror que había encogido su corazón, y volvió la vista hacia la mano de su misterioso acompañante. Ahora, una bella rosa descansaba en la palma de la mano; una rosa de un intenso color azul, y el tallo y las hojas de color negro. Aliviada, se llevó la mano al pecho, justo sobre la flor negra con forma de corazón, que antes había sido rosácea.

-Aún no me habeis respondido... - el joven parecía ahora impaciente. Su irrupción en el paseo de la joven respondía a un propósito muy bien definido, no solía tener contacto con los seres humanos, y ella no era desde luego una humana como las demás.

-¿Por qué habría de tener miedo? Prefiero la compañía de la noche y la naturaleza a la del día y las personas. Poseen esa magia y ese encanto que la humanidad perdió antes siquiera de empezar a conocer. Ya lo he dicho, no os temo.

La joven notó en su mano el palpitar de su corazón, tomó consciencia de su respiración, y se relajó. "Lo siento, no quería ser descortés", pensó. Mas no tuvo tiempo de decirlo.

-Habláis de la humanidad en tercera persona... ¿qué queréis decir? -En la mirada de él había un brillo que escondía una gran astucia, pero no quiso preocupar a la joven, mucho menos inquietarla e incomodarla.

-Nada en realidad... a veces... a veces desearía no formar parte de la raza humana. A veces desearía no tener que soportar las condenas que desde el principio de los tiempos la humanidad se forjó.

-¿Os referís a los sentimientos? ¿Sentimientos... como amor y amistad?

-Me refiero a la ignorancia, la envidia, la avaricia, el odio... a veces desearía no ser humana.

-Mas no lo sois. He visto lo que hicísteis con la flor de cercis, y con la mariposa. -ahora el joven estaba encauzando la conversación justo en la dirección en la que él quería, y procuraba sonar más místico y sobrenatural de lo que a ella le parecía.

-Tal vez haya aprendido a ver la vida de otro modo. Tal vez haya aprendido a comprender parte de los secretos que la noche y el silencio nos ocultan, y que los humanos ignoran. Tal vez sólo por éso no os tengo miedo. Mas, no por ello son mi mente y mi corazón menos humanos que los de ellos.

La joven bajó la mirada hasta el suelo, hasta que sus ojos se toparon con sus pies desnudos que, allí parados, estaban empezando a sentir algo más que la hierba fresca. Poco a poco, el frío se estaba apoderando de ella. Su mirada era ahora triste, ya no reflejaba la alegría que la había llevado a adentrarse tanto en el parque. La extraña figura surgida de la niebla, apenas visible entre la oscuridad, percibió ese brote de tristeza en ella. Tal vez conmovido, o tal vez sólo aprovechando la oportunidad que las circunstancias le habían otorgado, acercó a sus labios la rosa que aún tenía en la mano extendida, la besó, y se la ofreció a la preciosa joven.

-Y ahora... ¿ahora, qué desearíais? -le dijo, mientras ella cogía la rosa con la mano que no tenía en el pecho. Ambos esbozaron una leve sonrisa al mismo tiempo. La chica bajó de nuevo la mirada, esta vez para observar la rosa. "Ahora desearía no ser humana", pensó. Mas no dijo nada.

Un fugaz pinchazo en el dedo la hizo despertar de aquel pensamiento. Se había pinchado con una espina de la rosa e, involuntariamente, la dejó caer. Antes de que la rosa tocase el suelo, se descompuso en el aire, dando vida a un centenar de hermosas mariposas, de alas azules y negras. Las mariposas remontaron el vuelo al unísono, formando una breve cortina entre los dos. La joven comenzó a asustarse entonces. Notó que le faltaba el aire, como si no pudiera respirar. Intentaba tragar aire, intentaba respirar hondo, pero no podía. Sentía que se asfixiaba, y se estaba poniendo nerviosa por momentos. Se llevó al pecho la mano que no tenía ya allí, al tiempo que una solitaria gota de su sangre brotaba de la herida para precipitarse al vacío. Frente a ella, las mariposas seguían revoloteando, y en un instante comprendió, que su acompañante ya no estaba allí. Pensó que la había hechizado. La había engañado, y ahora la estaba matando. Con ambas manos en el pecho, notó que su corazón latía cada vez con menos fuerza y con menos frecuencia. ¡Se estaba muriendo! Cerró los ojos con fuerza, e intentó concentrarse en el latir de su corazón. Era inútil. Intentó mantener viva su respiración, hacerse de nuevo consciente de ella. Mas todo esfuerzo era estéril. Aún con los ojos cerrados, sintió cómo la pequeña jauría de mariposas revoloteaba ahora junto a ella, regalándole una suave caricia en la cara. No fue consciente siquiera del momento en que todo terminó. Simplemente su respiración murió, simplemente su corazón decidió guardar silencio por toda la eternidad. Cayó súbitamente de espaldas, amortiguada la caída por la hierba, que crecía densa en aquella parte del parque.

No supo cuánto tiempo estuvo allí en aquella situación. Realmente se creyó morir. Mas, en realidad, nunca dejó de sentir el viento, ni el frescor de la hierba, ni sus propios movimientos. Tan sólo dejó de sentirlos cuando, creyéndose morir, dejó de hacer todo esfuerzo por moverse.

Una caricia y una voz la invitaron a abrir los ojos. "Despertad. Despertad, no podeis morir ahora, pues no deseasteis morir." La joven abrió lentamente los ojos, y vio encima de ella, muy cerca, el rostro de su misterioso acompañante. El cielo parecía ahora más claro, todo parecía ahora mucho más vivo. La joven podía sentir el viento y la hierba de un modo en que nunca antes los había sentido. Lejos de la muerte, sentía estar más viva que nunca. Aún tenía las manos en el pecho. Intentó concentrarse en el palpitar de su corazón, mas su corazón no palpitaba ya; intentó tomar consciencia de su respiración, mas sólo pudo ser consciente de que ya no respiraba. El rostro que se mantenía a tan sólo unos centímetros del suyo, le dedicó una amplia sonrisa, y después se deshizo en una miríada de aquellas nocturnas mariposas, azules y negras, del mismo modo en que lo había hecho la rosa poco antes. La joven se incorporó donde estaba, apoyando ambas manos en la hierba. El aire, que súbitamente había guardado sus hostilidades para otra ocasión, regaló a los oídos de la joven un breve susurro.

"Deseo concedido"

7 voces se alzaron.:

Josemy dijo...

/clap /clap /clap

Sólo te digo eso, el miércoles vuelvo (al final me ha pillado el toro con el poema, la lectura, la cena, Pier que es madre, el estudio... todo).

/clap /clap /clap

Príncipe de la Soledad dijo...

W-O-W Me quedé sin palabras. No sé cómo lo haces, pero lo haces, siempre que pienso que ya no te podrás superar a ti mismo, dejas en evidencia a mis pensamientos. Confieso que te tengo mucha envidia U.U llevo mogollón de años componiendo y escribiendo cada vez que tengo ocasión (éso bien lo sabes tú), y jamás he conseguido ni conseguiré transmitir tanto como transmites tú en tus textos. ¡Tienes que decirme cómo lo haces, eres demasiado joven para tener tanto talento! Cosas como ésta hacen que no te pueda perdonar lo que hiciste con "El último crepúsculo" >.<

Un beso, futuro premio Planeta :P

Anónimo dijo...

Onii - Chaaan!! te lo dije por el msn pero te lo vuelvo a decir, me encanta como escribes!! como se te pueden ocurrir cosas asi de impresionantes, yo tambien quiero joo >.<. Bueno y que puedes venir a mi casa las veces que quieras pero no me tires de la silla ni que la madera, el suelo y la pared me llamen que al otro dia me duele la cabeza!! xDD.

Ciauz Onii - Chan, muaka!

Patty dijo...

Leerte me transporta a un mundo mágico en el que me gustaría habitar. Es imposible no enamorarse de tus personajes y querer ser uno de ellos. Escribís muy bien, supongo que ya lo sabés. Te admiro a pesar de no saber nada sobre vos.

Teniendo en cuenta que en varios comentarios repiten que has abandonado algun blog (por lo que pude entender), te ruego, te suplico, que si decidís abandonar este, me permitas seguir leyendote.

Sergio dijo...

Ahora no tengo tiempo de leer todo esto!! jajajajaja
Me tendre que acostubrar de nuevo a las entradas extensas... prometo leerlo antes de la media noche =)

Tengo nuevo mundo, despues de un viaje increible ^^

recuerdosdefuturo.blogspot.com

Por si te quieres pasar y eso =)

Un saludo tipo grande!! a ver si hablamos mas, que cambias de msn y no me avisas ¬¬

jajjaa

Tendras noticias mias!!

saludos!!!

Deleyda Gilraen dijo...

Ok!
muxos sentimientos
expresados a traves de la escritura...
cada vez q te leo me intenrno mas a dentro...
pero esta historia
me recordo algo q
escribi hace unos dos o tres años atras...
dale me encanta lo q haces... espero te encuentres bn...

mmm bueno
kero seguir
leyendo lo maravillo q sale
de ti

un beso

te cuidas

xauz

La Chica de Rojo dijo...

Tus escritos son como viajar a otro mundo y eso me encanta, espero poder seguir leyendo estos sentimientos enrebesados que adoro leer.

Nos leemos